Los third places —cafeterías, mercados, parques o bibliotecas— son espacios...
Leer más¿Por qué algunos barrios funcionan y otros no? La clave está en los third places
¿Qué son los third places?
El sociólogo Ray Oldenburg acuñó el término third place para describir todos esos espacios que no son ni el hogar (first place) ni el trabajo (second place), pero que forman parte esencial de nuestra vida cotidiana. Cafeterías, bares, mercados, plazas, bibliotecas o incluso peluquerías: todos ellos pueden convertirse en escenarios donde las personas se encuentran, conversan y construyen comunidad.
Según Oldenburg, estos lugares poseen ocho características clave: son neutrales, inclusivos, accesibles, informales, horizontales, con ambiente relajado, con presencia de habituales y centrados en la conversación. En otras palabras, son espacios donde simplemente estar te conecta con los demás.
Por qué los third places son esenciales para la comunidad
En sociedades urbanas cada vez más móviles y solitarias, los third places actúan como mediadores entre el individuo y el resto de la comunidad. Ayudan a combatir la sensación de aislamiento, fomentan la pertenencia y mejoran el bienestar psicológico. Oldenburg lo expresó con claridad: sin comunidad, la vida moderna se convierte en un ciclo estéril entre casa y trabajo.
Hoy, con ciudades donde más del 75% de la población vivirá en 2050, estos espacios son más necesarios que nunca. Diversos estudios han demostrado que los third places aumentan el capital social, fortalecen los vínculos entre vecinos y refuerzan la percepción de seguridad urbana.
Cómo la planificación urbana ha moldeado —y a veces destruido— estos espacios
El trabajo de Bosman y Dolley repensando estos third places y su poder a la hora de construir comunidad, señala que muchas políticas urbanas del siglo XX priorizaron el coche, la zonificación estricta y la eficiencia funcional, dejando poco margen para la vida comunitaria. Modelos como las Garden Cities, los suburbios modernistas o ciertos desarrollos new urbanist intentaron —con buenas intenciones— diseñar comunidades ideales, pero con frecuencia terminaron produciendo espacios segregados o excesivamente regulados.
Cuando se eliminan los espacios informales —las esquinas, los cafés, las pequeñas tiendas, los mercados— también eliminan la posibilidad de encuentros espontáneos. El resultado: barrios donde la gente vive cerca… pero no convive.
Ejemplos contemporáneos de third places (y qué podemos aprender de ellos)
Existen third places en diferentes culturas y contextos urbanos: mercados húmedos en Singapur, cafés de franquicia donde coinciden personas de distintos orígenes, zonas de fumadores en países donde se restringe su actividad, o incluso fenómenos digitales que convierten cualquier espacio público en un punto de encuentro.
Estos casos muestran que los third places no dependen del tipo de espacio, sino de cómo las personas lo utilizan: lo determinante no es la infraestructura, sino la posibilidad de interacción libre.
Los third places también se expanden en el mundo digital. Redes sociales, foros, videojuegos y espacios híbridos —como grupos de barrio que se reúnen online pero actúan offline— funcionan como nuevas plazas públicas.
La clave, según los autores, será diseñar tanto espacios físicos como virtuales que no solo permitan el encuentro, sino que lo promuevan sin excluir por edad, género, clase, movilidad o seguridad.
En un momento en que la soledad se reconoce como un problema de salud pública, los third places pueden ser parte de la solución. Son espacios modestos pero poderosos, donde la vida social se produce de manera espontánea y cotidiana.
Recuperar cafés, plazas, mercados o bibliotecas como centros de encuentro no es un gesto nostálgico: es una necesidad urbana. Construir comunidad empieza por tener lugares donde encontrarnos.
Laia Shamirian Pulido es bióloga, máster en nutrición y periodista gastronómica especializada en cocina italiana, mexicana y mediterránea. Explora la gastronomía como espejo de las culturas y escribe para quienes creen que comer bien es también una forma de entender el mundo. Colabora con revistas de viajes y gastronomía y comparte recursos sobre cultura gastronómica y nutrición en su tienda digital.
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