Laia Shamirian

Tú mejor apuesta de marketing es una comunicación gastronómica de excelencia

Hoy te demuestro porque con un ejemplo real

Hablemos claro, la comunicación gastronómica hace mucho tiempo que no es la ciencia ni más exacta ni más honesta. Llevados por las tarifas precarias de este mercado laboral, muchos periodistas y comunicadores se han vendido al mejor postor, que casi siempre, lleva nombre de marca privada con intención de ‘greenwashing’ o ‘localwashing’. 

Hoy, exploro en primera persona las virtudes de volver a encaminar la comunicación gastronómica exactamente donde se merece, en el podio de las herramientas que contribuyen a ensalzar el producto de valor y contar las historias del territorio.

Entre la comunicación, el marketing y el branding

Parte de la confusión y el desmerecimiento de la comunicación gastronómica tiene que ver con su uso indiscriminado en 3 ámbitos muy diferenciados y con fines totalmente distintos. 

La comunicación se encarga de acercar algo desconocido a quién tiene interés en conocerlo, al puro estilo del dios romano Mercurio.

El marketing en cambio tiene el objetivo de convertir lo visto en una venta. Para tal fin, utiliza casi siempre la comunicación.

Y el branding es una disciplina que aúna el lenguaje visual y el lenguaje dialéctico para que aquello que ha sido visto sea recordado de una forma concreta. 

Las tres disciplinas son lícitas y útiles, el problema es cuando con el propósito de crear un branding memorable se utiliza la herramienta de storytelling con datos no tan verídicos ni periodísticos para facilitar que la marca se recuerde. O de forma similar, cuando se utiliza la apariencia de comunicación neutra y formal, para conseguir al final del día una venta a través de la nostalgia asociada a la historia de ciertos alimentos. 

Este uso continuado de la comunicación consigue que infravaloremos su potencial. Descubrir que un ingrediente fue determinante en la evolución de tu ciudad, o que tus tatarabuelos consumían productos de la tierra que hoy ya no existen, tiene muchísimo poder en sí mismo. Una muestra de ellos es el caso del fesol de Beseit y el evento que organizamos para darlo a conocer. 

Una acción de prensa en persona que acercó un territorio desconocido a miles de personas

A principios del 2026 colaboré con una Fundación que tenía una de sus sedes en el Matarraña, Teruel. 

Debido a su estrecha relación con el territorio conocían de buena mano el Fesol de Beseit, una judía blanca de piel fina que sólo se cultiva en Beseit. 

Su producción es minoritaria, no existe para la venta sino que se conserva una mínima producción anual para uso del menú emblema de Fonda Alcalá 1922.

Por nuestra parte la acción era simple: invitar a periodistas gastronómicos para explicarles todo acerca de la judía, sus usos y su relación con el territorio.

Gracias a la mirada curiosa y profunda de periodistas como Inés Butrón, que consiguen sacar punta de cada experiencia, el fesol fue leído por hasta 2 millones de personas gracias a su artículo publicado en El Pais. Alejandro Toquero, habló de él en el Heraldo y Cruz Aguilar, recordó a los vecinos de la localidad la importancia de los productores en la preservación de la cultura y tradición gastronómica. 

Comunicación gastronómica para una visibilidad honesta

Al igual que el Fesol de Beseit existen decenas, sino cientos, de productos en nuestro territorio que son característicos por su producción, por su historia, por las reflexiones que nos invitan a hacer alrededor de los mismos y que requieren de una comunicación gastronómica honesta, curiosa, que responda a la misión última de la comunicación: dar a conocer lo que otro no conoce. 

Devolviendo el carácter excelente al conocimiento el cual nos permite entendernos, conectar y comprender de dónde venimos, y con algo de suerte, a dónde vamos.

De esta forma, cuando permitimos que cada ámbito tenga su propio objetivo, conseguimos ensalzar la misión de cada uno y las producciones agrícolas más pequeñas dejan de temer con las piernas temblando un presupuesto de ‘branding, marketing y comunicación’ y empiezan a encontrar en el periodismo gastronómico de calidad acciones más sencillas y directas que buscan informar a quién de grandísima gana busca conocer más sobre su propio territorio. 

Laia Shamirian Pulido es bióloga, máster en nutrición y periodista gastronómica especializada en cocina italiana, mexicana y mediterránea. Explora la gastronomía como espejo de las culturas y escribe para quienes creen que comer bien es también una forma de entender el mundo. Colabora con revistas de viajes y gastronomía y comparte recursos sobre cultura gastronómica y nutrición en su tienda digital.