Qué es el “esmorzar de forquilla”: el desayuno catalán que reivindica el tenedor y nos aleja del cruasán.
A media mañana, cuando el sol empieza a calentar las terrazas y los mercados aún huelen a pan tostado, en muchos bares de Cataluña ocurre algo que desconcierta a quien llega de fuera: platos de callos, cap i pota o butifarra con judías ocupan las mesas donde uno esperaría ver cruasanes. Es el esmorzar de forquilla, el desayuno “de tenedor”, una costumbre que combina la contundencia del almuerzo con la naturalidad de lo cotidiano.
De la pausa obrera al placer compartido
El origen del esmorzar de forquilla no está documentado aunque la hipótesis con más peso defiende que nació como solución natural a las largas jornadas del trabajador del campo, el payés, que se levantaba al amanecer y necesitaba reponer fuerzas a media mañana para continuar con un trabajo de gran exigencia física.
Periodistas como Albert Molins, autor del libro Esmorzar de Forquilla y creador de la aplicación Esmorzapp (un dispositivo que permite encontrar los bares y restaurantes que lo ofertan en Cataluña) afirma que aunque la teoría del payés podría ser válida, el concepto en sí mismo de «esmorzar de forquilla» ya existía en Francia o Alemania.
Por lo que lo más probable es que esta comida del día fuese algo así como una protocomida, que más tarde, al alargar las horas de actividad diurna con la iluminación artificial, se convertiría en lo que hoy conocemos como comida principal o almuerzo en algunos países de LATAM.
Con el paso del tiempo, y la transformación de los horarios laborales, el esmorzar de forquilla perdió presencia en la vida urbana. Pero en algunos bares de pueblo o de mercados resistió, casi sin querer, guardando un modo de comer con tenedor y cuchillo: cap i pota, pies de cerdo, bacalao con samfaina, butiffara amb mongetes tendres.
El resurgir urbano del esmorzar
En los últimos años y gracias a iniciativas como las de Albert Molins, el esmorzar de forquilla ha vuelto con fuerza como emblema de la gastronomía catalana. Una gastronomía que lleva mucho tiempo difuminada entre paellas, tapas y demás recetas de otras regiones españolas que tours de dudosa calidad ofertan como tradicionales a turistas en la ciudad Condal.
Muchos bares reivindican ahora el esmorzar de forquilla como orgullo local, e incluso nuevos restaurantes lo ofertan en su carta como una alternativa al omnipresente brunch.
Lo cierto es que el público también ha cambiado, o ha despertado. El esmorzar de forquilla en 2025 ya no es solo el plato con el que los moteros en ruta reponen fuerzas o que las familias aprovechan para disfrutar durante el ritmo sosegado del sábado y el domingo. Ahora hay más gente interesada en recuperar recetas como el trinxat, el capipota o la coca de recapta, en su día a día.
La recuperación de un rito
Lejos de ser una costumbre del pasado, el esmorzar de forquilla ha encontrado un nuevo lugar en la vida contemporánea. Es la expresión de un deseo de volver a los sabores más tradicionales y rudimentarios, a retomar ritos de la mesa que estaban mucho antes que las importaciones actuales.
En tiempos de comidas rápidas y pantallas constantes, el esmorzar de forquilla nos recuerda que comer bien sigue siendo una manera de vivir más conectados con el territorio.
Laia Shamirian Pulido es bióloga, máster en nutrición y periodista gastronómica especializada en cocina italiana, mexicana y mediterránea. Explora la gastronomía como espejo de las culturas y escribe para quienes creen que comer bien es también una forma de entender el mundo. Colabora con revistas de viajes y gastronomía y comparte recursos sobre cultura gastronómica y nutrición en su tienda digital.